Puebla no solo presume su gastronomía durante septiembre; también lleva a la mesa una amplia variedad de bebidas que reflejan siglos de historia, tradición y cultura.
En las Fiestas Patrias, el estado ofrece desde destilados y licores hasta bebidas de origen prehispánico y productos artesanales que se han convertido en parte de la identidad poblana.
Entre las bebidas que viven un momento de auge destaca el mezcal poblano, cuya cadena productiva ha recibido un fuerte impulso gubernamental, Puebla cuenta con más de un centenar de municipios incluidos en la Denominación de Origen del Mezcal, además de viveros, plantas productoras, palenques y envasadoras certificadas.
La actividad representa una oportunidad para productores de regiones como la Mixteca y otras zonas del estado, donde el agave forma parte de una tradición de siglos.
Sin embargo, el mezcal no es la única bebida que merece un lugar en los brindis patrios; en la Sierra Norte destaca el yolixpa, una bebida tradicional elaborada mediante la maceración de numerosas hierbas aromáticas y medicinales en aguardiente.
Su nombre, de raíz náhuatl, suele relacionarse con la expresión “medicina del corazón”, y su sabor herbal y aromático la ha convertido en uno de los productos representativos de Cuetzalan y comunidades cercanas.
Otra bebida emblemática es el rompope, asociado a la tradición conventual poblana desde el siglo XVII; elaborado a base de leche, yemas de huevo, azúcar, canela y alcohol, este licor de textura cremosa trascendió los conventos para convertirse en una bebida tradicional de celebraciones y reuniones familiares.
En la ciudad de Puebla, la tradición cantinera tiene uno de sus mayores símbolos en la Pasita, licor elaborado a base de uva pasa y servido tradicionalmente en un pequeño vaso acompañado de una pasa y un cubo de queso fresco. Su sabor dulce y particular forma de consumo la han convertido en una de las bebidas más reconocibles del Centro Histórico poblano.
La sidra también ocupa un lugar especial entre los sabores del estado, Huejotzingo y Zacatlán de las Manzanas concentran una importante tradición productora, con numerosas casas que elaboran esta bebida a partir de manzanas cultivadas en la región; aunque suele relacionarse con las celebraciones decembrinas, sus diferentes variedades permiten disfrutarla durante todo el año.
Para quienes buscan una bebida de raíces prehispánicas, el pulque representa una de las opciones más tradicionales, elaborado mediante la fermentación del aguamiel del maguey, mantiene presencia en municipios de la Sierra Norte como Zacatlán y Chignahuapan, donde también se preparan versiones conocidas como curados, con sabores que van desde nuez y piñón hasta fresa, limón y avena.
En la misma región aparece el acachul, preparado a partir de una pequeña fruta silvestre semejante al capulín, que es macerada o fermentada con alcohol o aguardiente de caña; su sabor afrutado y su elaboración tradicional lo convierten en una de las bebidas menos conocidas fuera de Puebla, pero con un importante valor cultural.
A este abanico se suman productos como Ancho Reyes, licor elaborado con chile ancho; el menyul, inspirado en el mint julep y relacionado con la tradición de las cantinas poblanas; así como el xole, bebida o preparación ancestral de la Sierra Norte elaborada con maíz tostado o quemado, cacao, canela y panela.
También destacan los licores artesanales de frutas y las cervezas que incorporan ingredientes regionales.
Así, las bebidas poblanas cuentan una historia que va de las raíces prehispánicas a los conventos, de las comunidades de la Sierra Norte a las cantinas del Centro Histórico y de las tradiciones familiares al creciente mercado del mezcal.