Entrar a la adultez supone administrar estudios, vivienda, servicios, atención médica y ahorro, muchas veces con ingresos limitados. Para uno de cada seis jóvenes en Estados Unidos, estas preocupaciones alcanzan un nivel elevado de estrés financiero, una condición asociada con una probabilidad considerablemente mayor de presentar malestar psicológico.
El hallazgo forma parte de una investigación publicada el 6 de enero de 2025 en Frontiers in Public Health. El equipo, integrado por especialistas vinculados con el Hospital Houston Methodist, analizó cómo las dificultades económicas se relacionan con el bienestar mental de las personas de entre 18 y 26 años.
El estrés financiero fue entendido como la respuesta emocional ante problemas como las deudas, la inestabilidad económica o la incapacidad para cubrir necesidades. El malestar psicológico incluyó sentimientos de nerviosismo, tristeza, desesperanza, inquietud, falta de valor personal y dificultad para realizar tareas cotidianas.
Una de cada seis personas reportó presión elevada
La investigación utilizó información de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud de Estados Unidos correspondiente al periodo 2013-2018. La muestra incluyó a 19 mil 821 adultos jóvenes y representó una población anual estimada de casi 34 millones de personas.
Para calcular la presión económica, los participantes respondieron cuánto les preocupaban seis tipos de gastos: facturas mensuales, vivienda, atención médica habitual, enfermedad o accidente, mantenimiento de su nivel de vida y ahorro para el retiro. Quienes alcanzaron las puntuaciones más altas fueron clasificados con estrés financiero elevado.
El 17% de los participantes, equivalente a unos 5.8 millones de jóvenes en la estimación nacional, se ubicó en esta categoría. Después de considerar factores sociales, demográficos y clínicos, el grupo presentó una probabilidad más de seis veces mayor de registrar malestar psicológico grave frente a quienes tenían el menor nivel de presión financiera.
La carga no se distribuyó de manera uniforme. Los niveles elevados fueron más frecuentes entre mujeres, personas negras no hispanas e hispanas, jóvenes con bajos ingresos o menor escolaridad, quienes carecían de seguro médico, migrantes sin ciudadanía estadounidense y participantes con enfermedades coexistentes, de acuerdo con los resultados recopilados por Houston Methodist.
Una relación que requiere mayor seguimiento
Los resultados muestran una asociación entre las preocupaciones económicas y el deterioro emocional, pero no prueban que una condición provoque directamente la otra. El análisis utilizó datos recogidos en un solo momento, por lo cual no pudo determinar la dirección de la relación ni sus efectos a largo plazo.
Los investigadores también advirtieron que el cuestionario no incluyó preocupaciones relevantes como alimentación y cuidado infantil. Además, la encuesta dejó fuera a personas sin hogar o institucionalizadas, dos poblaciones que podrían enfrentar una presión económica todavía mayor.
"Identificar a los grupos más vulnerables y abordar los determinantes clínicos y sociales de la salud que pueden modificarse es fundamental para diseñar intervenciones personalizadas y basadas en evidencia", concluyó el doctor Zulqarnain Javed.
El equipo planteó incorporar la detección del estrés financiero dentro de las prioridades de salud pública y estudiar si ofrecer apoyo económico y atención mental desde los servicios sanitarios puede reducir sus consecuencias entre los adultos jóvenes.