En Puebla capital, la planeación urbana parece responder más a la improvisación, o a intereses poco claros, que a las necesidades reales de la sociedad y un ejemplo evidente está en la colocación de semáforos peatonales en cruceros donde prácticamente no hay peatones.
Los casos de las intersecciones de la 20 y 22 Sur con la 39 Oriente, en la colonia El Mirador, exhiben una decisión difícil de justificar, colocar infraestructura peatonal en puntos con escaso flujo de personas, mientras que, a unos metros, avenidas con mayor tránsito como la 14 Sur, carecen de estos dispositivos.
A través de denuncias y videos de vecinos enviados a Imagen Poblana, se pudo constatar el sinsentido de la obra: en la 20 Sur y 39 Oriente, la espera superó los 10 minutos hasta que apenas un par de jóvenes utilizó el paso peatonal, es decir, el semáforo, en lugar de ordenar una movilidad activa, regula prácticamente el vacío.
Vecinos de la zona no sólo cuestionan la lógica del proyecto, sino que van más allá, pues señalan que este tipo de intervenciones responden a prácticas de “diezmo”, porque la prioridad no es resolver problemas urbanos, sino justificar el (mal) gasto público.
Y es ahí donde surge el fondo del problema: Puebla tiene prioridades mucho más urgentes; mientras se invierte en semáforos que nadie usa, en la ciudad persisten baches, calles deterioradas, falta de alumbrado, inseguridad y vialidades sin infraestructura peatonal en zonas de alto riesgo. En esos puntos, donde sí está en juego la seguridad de las personas, el mobiliario urbano brilla por su ausencia.
Pero además la ejecución de esta obra, también exhibe deficiencias, ya que en los cruces mencionados la “gran obra” inició más o menos el 10 de febrero y la muestra es la foto tomada por una vecina en esa fecha de una camioneta del Ayuntamiento. Para esa “monumental” obra de infraestructura, abrieron zanjas en el pavimento, de por sí deteriorado.
Y fue hasta el 17 de marzo, es decir, más de un mes después y justo con el inicio de lluvias, cuando se repararon las zanjas. El mensaje es claro: se atiende lo innecesario con rapidez cuestionable, mientras lo verdaderamente importante sigue rezagado.
Y es que este retraso no sólo evidencia negligencia, sino también riesgos innecesarios para automovilistas y peatones, además del deterioro acelerado de la vialidad.
La crítica no es menor, pues en una ciudad con rezagos en movilidad, baches persistentes y servicios básicos deficientes, destinar recursos a infraestructura subutilizada no sólo evidencia fallas de diagnóstico, sospechas de negocios turbios y hasta una desconexión descarada entre el gobierno municipal y la realidad en las calles.
La administración encabezada por José Chedraui enfrenta así cuestionamientos por “decisiones urbanas” que parecen pensadas con los pies. Y mientras algunas zonas de alta afluencia siguen sin infraestructura básica para peatones, recursos públicos se destinan a obras que, en los hechos, resultan inútiles.