Jóvenes sin religión: la nueva cara de la fe en México

Jóvenes sin religión: la nueva cara de la fe en México

Foto: FreePik

Con motivo del Día Mundial de la Religión, que se conmemora el tercer domingo de enero, el debate sobre la tolerancia religiosa, la libertad de culto y el papel de las creencias en la vida pública vuelve a cobrar relevancia.

 

En México, una nación con fuerte tradición católica, surge una pregunta recurrente ¿los jóvenes se están alejando de la religión? La observación común en templos, donde predominan adultos y personas mayores, parece confirmarse con datos recientes.

 

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el catolicismo sigue siendo la religión mayoritaria en México, con entre 77.7 y 78 % de la población, pero su peso ha disminuido de forma sostenida. En 2010, el porcentaje era de 82.7 %, lo que refleja una caída significativa en apenas una década.

 

El cambio más notorio está en el crecimiento del grupo de personas que se identifican como “sin religión”. Este sector pasó de 3.5 % en el año 2000 a entre 8.1 y 10.6 % en 2020, según distintos desgloses del censo. El fenómeno es especialmente visible entre jóvenes, pues en el grupo de 20 a 29 años, hasta el 10.3 % se declara sin afiliación religiosa.

 

Proyecciones demográficas indican que solo 68 % de quienes eran adolescentes en el año 2000 mantendrán su identidad católica al llegar a la vejez. El Módulo de Bienestar Autorreportado 2025 confirma que la religión tiene menor relevancia en la vida de los jóvenes en comparación con adultos mayores.

 

Algunas iglesias evangélicas y protestantes han registrado crecimiento, pasando de 7.5 % en 2010 a 11.2 % en 2020, con propuestas más dinámicas que incluyen música, actividades comunitarias y formatos menos tradicionales, lo que ha atraído a ciertos sectores juveniles.

 

Sin embargo, especialistas coinciden en que el fenómeno dominante no es el cambio de religión, sino el abandono de la afiliación institucional, acompañado de una espiritualidad más individual y menos ligada a iglesias.

 

¿Por qué los jóvenes se distancian de la religión?

 

Diversos estudios sociológicos, encuestas, así como análisis académicos y periodísticos, identifican varios factores detrás de este alejamiento.

 

Al igual que ocurre con la política o el gobierno, muchos jóvenes muestran rechazo a estructuras jerárquicas que perciben como autoritarias, rígidas o incongruentes. La Iglesia católica es vista por algunos como lejana, conservadora o marcada por escándalos y contradicciones internas.

 

La globalización, internet y las redes sociales han ampliado el acceso a ideas, creencias y posturas críticas. Cada vez más jóvenes se definen como “librepensadores” o consideran que todas las religiones son equivalentes. Estudios internacionales, como los de Pew Research, señalan que la secularización es una tendencia global que también impacta a México.

 

Situaciones de sufrimiento, injusticia o crisis personales, así como la percepción de hipocresía entre creyentes, generan cuestionamientos hacia la fe. A ello se suman los conflictos con posturas religiosas tradicionales en temas como sexualidad, anticoncepción, aborto y diversidad.

 

Lejos de un rechazo total a lo trascendente, muchas personas jóvenes optan por creencias personales, prácticas alternativas o una espiritualidad “a la carta”. Estudios recientes muestran que una parte importante de quienes se declaran sin religión sí creen en algo superior, pero no dentro de estructuras formales.

 

La precariedad económica, la violencia, la incertidumbre laboral y la falta de expectativas colectivas han debilitado el papel de las iglesias como espacios de pertenencia comunitaria. Las nuevas generaciones priorizan la autonomía, el propósito individual y los valores humanos por encima de dogmas.

 

México atraviesa una transición religiosa, de una sociedad mayoritariamente católica e institucional a una más diversa, secularizada y con un crecimiento sostenido de personas sin religión, fenómeno encabezado por los jóvenes.

 

No se trata de un abandono absoluto de la espiritualidad, sino de una reconfiguración de las creencias. Menos misas dominicales, más búsquedas personales, una tendencia que se repite en América Latina y el mundo, y que plantea un reto central para las religiones tradicionales: adaptarse o quedar cada vez más al margen de las nuevas generaciones.

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