Las balas perdidas se han convertido en un problema recurrente de inseguridad en Puebla. Disparos hechos de manera indiscriminada, continúan cobrando víctimas inocentes, entre ellas menores de edad. El reciente caso de un niño herido por una bala perdida en el Periférico Ecológico volvió a encender la alerta sobre un fenómeno que, lejos de ser aislado, parece haberse normalizado en la entidad.
Una Bala perdida impacto a un niño de 8 años mientras viajaba con su mamá en una camioneta. El suceso ocurrió sobre el Periférico Ecológico, a la altura de Camino Real El menor logró sobrevivir, sin embargo, permanece hospitalizado. pic.twitter.com/FJ34RWrvqP
— Di+TV (@DiMasTVmx) January 16, 2026
Aunque no existe un registro oficial específico sobre balas perdidas, reportes ministeriales permiten identificar casos plenamente documentados de menores de edad que perdieron la vida como víctimas colaterales de la violencia armada en Puebla.
En julio de 2020, Emmanuel de 9 años, viajaba con sus padres a bordo de un vehículo Nissan Tsuru sobre la carretera Santo Nombre–Tlacotepec de Benito Juárez cuando fue impactado por una bala perdida. El proyectil habría provenido de detonaciones hechas durante un presunto enfrentamiento armado en la zona. Aunque sus familiares lo trasladaron de inmediato al Hospital Integral del municipio, Emmanuel llegó sin signos vitales.
En junio del mismo año, un niño de 5 años fue alcanzado por una bala perdida en el municipio de Ahuatempan. El menor salió al baño de su domicilio cuando se escucharon detonaciones cercanas y fue alcanzado por una bala perdida, murió en el lugar, poco después del impacto. El caso ocurrió en un contexto de incidentes armados simultáneos en la región.
En septiembre del 2025, un bebé de aproximadamente 1 año y 8 meses fue herido gravemente en la cabeza por una bala perdida en el municipio de Naupan, en la Sierra Norte de Puebla, quien requirió atención especializada en la capital.
En octubre del año pasado, un ataque armado registrado durante la noche en la calle Nacional, en la zona conocida como Las Bodegas en la comunidad de Chapulco, dejó como víctima colateral a un niño de 12 años. El menor fue alcanzado por balas perdidas durante la balacera y trasladado por paramédicos de Protección Civil a una clínica en Tehuacán, donde falleció minutos después.
En hechos adicionales registrados en el mismo periodo, un adolescente de 13 años y un niño de 9 años fueron víctimas de impactos de arma de fuego en espacios públicos, acompañados de adultos, en los municipios de San Andrés Cholula y San Martín Texmelucan. Ambos casos fueron atribuidos a detonaciones hechas en contextos de violencia armada, sin que los menores tuvieran relación alguna con los hechos
¿De dónde provienen los disparos?
Regularmente las balas perdidas suelen tener tres orígenes principales:
Disparos al aire durante celebraciones, como fiestas patronales, bodas, Año Nuevo o eventos deportivos. Pese a que esta práctica está prohibida y sancionada, persiste tanto en zonas rurales como urbanas. Tan solo en el inicio de 2026 se reportaron personas lesionadas por esta causa en distintos estados del país.
Enfrentamientos entre grupos delictivos, relacionados con disputas territoriales, narcomenudeo o ajustes de cuentas. En 2025, Puebla registró balaceras en espacios públicos, donde proyectiles alcanzaron áreas transitadas por civiles.
Hechos aislados, como asaltos, riñas o el uso imprudente de armas de fuego en entornos domésticos o vecinales.
El riesgo se incrementa por una realidad física ineludible, una bala disparada al aire puede recorrer hasta 1,500 metros antes de caer, conservando suficiente fuerza para provocar lesiones mortales.
Lo cierto es que mientras no exista un cambio cultural, mayor control de armas y un registro específico que permita atender el fenómeno, las balas perdidas seguirán representando una amenaza silenciosa para la población, especialmente para quienes nada tienen que ver con la violencia.