De Panamá a Venezuela: el resultado de las intervenciones militares de EU en Latinoamérica

De Panamá a Venezuela: el resultado de las intervenciones militares de EU en Latinoamérica

Foto: FreePik

La detención de Nicolás Maduro, durante una operación militar estadounidense en Caracas, ha generado reacciones a favor y en contra a nivel global.

 

Y es que las intervenciones militares de Estados Unidos en otros países, particularmente en América Latina, han dejado un saldo histórico controvertido. Aunque en algunos casos se justificaron bajo el discurso de restaurar la democracia, combatir el narcotráfico o frenar la expansión del comunismo, los resultados para las poblaciones locales han sido mayoritariamente mixtos o negativos, con altos costos en vidas civiles, inestabilidad política prolongada y violaciones a la soberanía nacional.

 

Uno de los casos más citados como éxito relativo es la invasión a Panamá en 1989, conocida como la Operación Just Cause. Washington intervino para capturar al general Manuel Noriega, exaliado de la CIA acusado de narcotráfico, luego de que se anularan las elecciones democráticas. Tras la ofensiva militar, Noriega fue detenido y Guillermo Endara, ganador de los comicios, fue instalado como presidente, dando paso a una transición política rápida.

 

Sin embargo, el impacto humano fue severo, las cifras oficiales hablan de entre 200 y 500 civiles muertos, mientras que organizaciones no gubernamentales y fuentes independientes estiman hasta más de 3,000 fallecidos. Barrios populares como El Chorrillo quedaron devastados por los bombardeos, miles de personas fueron desplazadas y se documentaron denuncias por uso desproporcionado de la fuerza y violaciones a derechos humanos, lo que dejó un profundo resentimiento en amplios sectores de la sociedad panameña.

 

A largo plazo, Panamá logró una estabilidad democrática relativa y un crecimiento económico sostenido, lo que ha llevado a algunos analistas a considerar la intervención como uno de los pocos casos con resultados positivos en la región. No obstante, problemas estructurales como el narcotráfico no fueron erradicados y el costo humano inicial sigue siendo motivo de debate y crítica en América Latina.

 

Otros ejemplos muestran consecuencias menos favorables. En Guatemala, el golpe de Estado de 1954 apoyado por la CIA derrocó a un gobierno democráticamente electo y derivó en décadas de dictaduras militares y una guerra civil que dejó alrededor de 200,000 muertos.

 

En Chile, el respaldo estadounidense al golpe de 1973 instauró la dictadura de Augusto Pinochet, responsable de miles de torturas y asesinatos, aunque con una posterior estabilidad económica que benefició solo a ciertos sectores.

 

Casos como Haití, con ocupaciones prolongadas entre 1915 y 1934 y una nueva intervención en 1994, evidencian los límites de la intervención externa para resolver problemas estructurales: la pobreza, la desigualdad y la inestabilidad persisten hasta hoy.

 

En conjunto, la experiencia histórica sugiere que, aunque algunas intervenciones lograron objetivos inmediatos, los beneficios duraderos para las poblaciones locales han sido escasos frente a los altos costos sociales, humanos y políticos.

 

La captura de Nicolás Maduro ha abierto un debate inmediato sobre si esta operación podría traducirse en un beneficio real para el pueblo venezolano. A pocos días del suceso, es pronto para emitir un veredicto definitivo, pero sectores de la oposición y de la diáspora ven una oportunidad histórica para poner fin a un régimen considerado autoritario e ilegítimo tras las elecciones de 2024.

 

La posibilidad de una transición democrática, el eventual retorno de millones de migrantes y la reactivación económica, especialmente del sector petrolero, alimentan expectativas positivas. Quienes sostienen esta visión citan el precedente de Panamá en 1989, donde la captura de Manuel Noriega derivó, tras un periodo inicial de crisis, en estabilidad institucional y crecimiento.

 

Sin embargo, los riesgos son considerables, la operación ha sido señalada por diversos gobiernos y organismos internacionales como una violación a la soberanía venezolana, lo que podría detonar resistencia armada, insurgencia o una mayor polarización interna.

 

Reportes preliminares hablan de víctimas mortales, daños a infraestructura y cortes de servicios en Caracas, síntomas de un posible vacío de poder. Además, existe el temor de que una intervención prolongada repita escenarios como Irak o Afganistán, donde el éxito inicial dio paso a conflictos duraderos, o que los intereses estratégicos, como el petróleo, prevalezcan sobre la construcción de una democracia sólida.

 

 

Mientras la oposición celebra, el chavismo denuncia un “golpe” y convoca a la movilización, confirmando que el desenlace de esta crisis aún está lejos de definirse.

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